domingo, 7 de mayo de 2017

La entidad Madre.



En algún momento de mi joven adultez allá por mis treinta y pocos, le dije una vez a mi madre -“Gracias, ya está, ya puedes descansar, no tienes que educarme más, olvídate de que eres mi madre,  salgamos de bares y hablemos de sexo, seamos amigas”. –“¡¿Cómo puedes decirme que deje de ser tu madre?!”, me grito llorando horrorizada. Sentí su dolor, pero esa no era mi intención e intenté aclararle en vano: “no es para que te sientas ofendida es un halago, ojalá algún día mis hijos me digan lo mismo. Ya está, ya has terminado tu tarea, ahora disfrutemos”….

               Las madres nos quedamos pegadas  al personaje de cuidadora oficial, desde que parimos hasta que morimos, al menos ese fue el camino de mi madre, que si bien fue una mujer que buscó su evolución atreves del yoga y distintas formas de terapias, sé que no lo hizo para trascender como mujer sino para sanar su herida de madre.

               La herida de madre es ancestral, eso es ser una madre. Alguien quien nunca termina de hacer las cosas del todo bien, pero que amamos inexplicablemente. Tanto Amor y odio apasionado destinados a un mismo ser que se hace llamar Madre. Ellas, las mujeres-madres, olvidan tras el velo de la ilusión, que ante todo son seres en busca de su evolución.

               No sólo nosotras somos madres de nuestros hijos, la sociedad y la familia comparten el privilegio. Las mamás, poco podemos hacer cuando la sociedad comienza a corroer nuestros ideales, deseos de paz ,bienestar emocional, físico y mental para nuestros hijos. Ella entra como el agua, de a poco, muy de a poco y un día lo inundó todo.  Cuando eso ocurre, sentimos la opresión de la culpa, por no haber sabido impedir o parar el zunami que arrastró a nuestros hijos por la vida. Claro, es que nuestros hijos también son hijos de la vida, y ella siempre viene a por ellos.

https://img.fondosypantallas.com/wp-content/uploads/2009/01/ph-12011.jpg               No podemos hacer nada cuando las personalidades y personajes de la familia, de la familia, de la familia, se filtran en los genes arrastrando historias. No podemos hacer nada con aquella verdad que siempre sale a la luz más tarde o más temprano, en ésta o en la generación que viene. No podemos proteger a nuestro cachorro aislándolo de un sistema que le es propio. Y así nos sentimos responsables cuando le alcanzan y se le pegan como la brea de un mar contaminado. Porque nuestros hijos, son hijos de nuestra familia ancestral y nada podemos hacer para impedirlo.

               La Madre es la entidad por medio de la cual, los seres llegan al mundo a vivir su experiencia. Sin la entidad Madre la entidad Gaia desaparecería. Con la entidad Madre la entidad Gaia proyecta y expande a ese Ser para que sea grande y divino, concienciado de dónde viene , quién lo conduce y a dónde va, con todas sus consecuencias; para que sea y haga aquella única cosa que sólo ese Ser sabrá ser y nadie más que él.

               Hay un momento de la vida adulta  en que es necesario despegar a la entidad Madre de la Mujer. Guardando a la entidad Madre en el corazón de niño que demanda, reclama, pide y llama, para que esa Madre interna contenga al niño herido. Así podemos ver a esa mujer como el Ser que sólo ha cumplido un rol, el rol más importante para la humanidad, pero sólo eso, un rol del que se espera mucho de ella: se espera la vida.

               Cuando la madre se mezcla con la mujer, es cuando se abre esa compuerta por donde la sociedad y la familia atraviesan desenfrenadamente hasta llegar a nuestros hijos. Y aquello de lo que los queríamos protegerlos se convierte en el parque de atracciones de su vida y así debe ser. Es inevitable, porque ésta mujer ha vivido sus propias historias de montañas rusas y tren fantasmas entre helado y chuches, y ahora es tiempo de sólo sentarse a observar compasivamente, con la fuerza del silencio.     

               Ahora, de mayor aprendí a ver la Mujer detrás de la  entidad Madre que fue mi madre y así puedo amarla por el valor de su vida. Puedo honrarla y agradecerle por mi vida, y eso en parte se debe a ella. Sólo a una parte de ella, a la que corresponde a su entidad Madre es la responsable de mi vida, el resto es de lo que ella buenamente y a pesar suyo no pudo evitarme. 

               Gracias por lo que me diste, por lo que no me diste y por lo inevitable mamá.
               Gracias Celia Gutiérrez, por dejarme espiar en la mujer que fuiste y  quien aprendí a amar de una forma más genuina.

La India
Una Flamenca Hablando de Amor
www.la-india.es

sábado, 6 de mayo de 2017

¿A qué llamamos energía femenina y energía masculina?



 http://3.bp.blogspot.com/-vJ0euPsctGg/VPXqJ7xnBEI/AAAAAAAAAWQ/5-mxQkfnezc/s1600/de529-397342_283566268420115_861577821_n.jpg

A las dos partes del todo. A lo sutil y abstracto junto a lo basto y concreto. A aquello que necesita de lo otro para expresar su completud, dónde los opuestos y antagónicos se funden en Unidad. La energía femenina del hombre y  de la mujer, de la mano de la energía masculina de la mujer y del hombre.


               Cuando hablamos de energía femenina o del femenino, evocamos a todo aquello que conocemos como las características representativas de una mujer. La sensibilidad que ajusta el sexto sentido de la percepción, y que hace de ellas sabias e intuitivas. El poder de crear y dar vida desde lo profundo de las entrañas donde anida el centro mismo del amor. La flexibilidad de todo su cuerpo, que la hace grácil y elegante. La receptividad en lo cóncavo de su útero que la conecta con la confianza del estar llena y plena de sensaciones complejamente placenteras. El ser la reina del hogar desde donde cuece el brebaje nutritivo del clan, dando a cada uno astutamente en su justa medida.
               Lo femenino es lo sutil, lo perceptivo, lo flexible, lo receptivo, la observación silenciosa, la astucia, lo complejo, el poder de crear, la abundancia, el recibir.
               En cambio cuando hablamos de la energía masculina,  visualizamos la imagen del hombre con la firme estructura de sus músculos y de aquello que, con fuerza y dirección, construya. La protección de lo suyo con de todo lo que tiene a su alcance. Ofrece en su movimiento, el cobijo que abraza. Es el trabajo duro que le hace sentir seguridad, firmeza y valor. Es el ataque defensivo contra toda amenaza hacia sí, a su descendencia y procedencia. Provee la materia prima. Da  
  
               La energía masculina es la fuerza, la estructura, la dirección, la protección, la defensa, el poder del movimiento, la seguridad, la simpleza, el trabajo duro, la providencia, el dar.
               La energía Masculina está sobrevalorada en nuestra sociedad, hombre y mujeres salen a luchar y a proteger con uñas y dientes el hogar para sentirse seguro contra los “depredadores”, entonces… ¿quién está dentro del propio hogar (el corazón) esperando con los brazos abiertos y el nutriente alimento para el alma? ¡Nadie! porque hombres y mujeres queman el combustible de la energía masculina en la acción, en el afuera, sin atender a lo que sienten. Así los hombres se quedan huérfanos del complemento energético, de aquello que en verdad tienen que aprender yendo a su interior, y ellas… ellas han perdido el sentido más preciado de sus vidas: el poder de lo sutil.
               En la energía femenina está la clave del nuevo paradigma, integrándola y dejando que se entremezcle con la energía masculina, es cuando se creará un nuevo Ser.
               Es necesario conocer la energía  qué nos mueve, para saber cuál tenemos que aprender a integrar. Completar la energía femenino-masculina o masculino-femenina dentro de cada uno, es el nuevo paradigma en hombres y mujeres evolucionados. Porque el encuentro del nuevo modelo de pareja ya no es mujer y hombre en complementariedad, sino Seres en Unidad. 

“La India” Una flamenca hablando de Amor.


lunes, 13 de marzo de 2017

La falta de comunicación: el verdadero problema de las parejas.

Si tú no sabes lo que quieres, y aunque lo sepas no puedes o no sabes expresarlo, tu pareja no tiene la bola de cristal para adivinarlo; no tiene el deber de intuir y mucho menos de suponer qué es lo que te sucede.
El Amor no trata de esperar que el otro te interprete para hacerte la vida más fácil. El Amor es hacerle yo la vida más fácil al otro.

            Solemos esperar demasiadas cosas del Amor, muchas más de las que le damos. Confiamos en que nuestra pareja sepa qué es lo que nos sucede, como si fuéramos el centro de su vida, con el supuesto de “si me amas, me conoces lo suficiente para saber qué es lo que siento”. Y cuando el otro –que sólo ve o percibe nuestro malestar, sin tener idea de qué es lo que está sintiendo nuestro corazón- se atreve a preguntar: “¿qué es lo que te ocurre?”, desenlaza una sacudida de respuestas cargadas de frustración y soledad.
            Podemos sentirnos solos estando en pareja por el simple hecho de no saber comunicarnos. Es el tipo de soledad que se vive para sí, sin poder expresarla ni compartirla.
            Solemos culpar en secreto al otro de no saber escuchar o no saber preguntar, de desatender a lo que ocurre en la intimidad emocional, de minimizar o agregar más drama a una sensación o hecho, de no hablar de aquello que le duele o desea. En definitiva: solemos culpar al otro de lo que nosotros mismos no nos atrevemos a hacer, por eso se hace en secreto, haciéndose muy difícil  de exteriorizar con palabras. Es más cómodo echar culpa para afuera a través de gestos, miradas y silencios. Así es como estando con quien se supone que es nuestra pareja de amor, estamos en soledad y en el marco de una relación superficial. 

Te propongo tres enunciados para ayudarte a reflexionar sobre tu comunicación.   
Todo aquello que tú necesitas de tu par, pídelo. Tienes derecho a pedir lo que necesitas y el otro tiene derecho a decir No, y esto no cambia el amor, favorece la autonomía. Si el otro no puede, no quiere, o no sabe, hazlo tú y  le ayudarás a que encuentre el camino.

Diferencia entre la exigencia y el pedido.  El amor no admite presiones, el amor es generoso. Será tu compañero o compañera quien hará todo lo que esté a su alcance por darte lo que necesitas y más. Si dice que No, es porque realmente no tiene eso que tú necesitas y no tiene que inmolarse por ello.   

Reconoce desde dónde pides. El corazón es el único que puede expresarse con verdad y profundidad. Pidiendo cuando necesitas, reconoces tu carencia. Al reconocer aquello que te falta, descubres el camino que tienes que seguir para tu evolución. Si te falta comprensión, da comprensión; si te falta ternura, da ternura; si te falta que te escuchen, aprende a escuchar, si te falta un abrazo; da ese abrazo.

Esta en tus manos salir de la soledad y encontrarte con en el corazón de quien ya duerme en tu cama.


“La India”



sábado, 4 de marzo de 2017

Tantra: los tres elementos del Éxtasis.


               El Tantra primero te enseña a entrar en el sexo, a conocerlo, a sentirlo, a llegar a la posibilidad más profunda que hay oculta en él: al clímax. Te lleva a descubrir la belleza, la felicidad y la dicha esenciales que están ocultas en él. Una vez que conoces el secreto puedes trascenderlo.

Porque en realidad en un profundo orgasmo sexual, no es el sexo lo que te da la dicha. El sexo es sólo una situación. Otra cosa es la que le está dando euforia: el éxtasis, que  puede ser dividido en tres elementos. Pero cuando hablo de éstos elementos no pienses que puedes comprenderlos simplemente con mis palabras. Deben volverse parte de tu experiencia. Como conceptos son inútiles.
               Debido a estos tres elementos llegas a un momento de dicha en el sexo.

Primer Elemento: La Intemporalidad:
               Trasciende completamente el tiempo. No hay tiempo, te olvidas del tiempo. El tiempo cesa para ti, no es que el tiempo cesa, sino que cesa para ti: no estás en él. No hay pasado, no hay futuro, en éste momento aquí y ahora está concentrada la existencia. Éste momento se vuelve el único momento real. Si puedes hacer que éste momento sea el único momento real sin el sexo, entonces no hay necesidad de sexo, sucede por medio de la meditación.

Segundo elemento: Te quedas sin ego
               Pierdes el ego por primera vez, te quedas sin ego, de modo que los que son muy egoístas están en contra del sexo, porque en el sexo pierden el ego. Ya no estás tu ni tampoco el otro, tú y tu amado os perdéis en otra cosa. Surge una nueva realidad, surge una nueva unidad en la que los dos que había se han perdido, perdido completamente…El  ego tiene miedo, ya no estás, si puedes llegas a un momento sin ego sin sexo entonces no hay necesidad de sexo.

Tercer elemento: eres Natural
Eres natural por primera vez, Lo irreal se pierde, los rostros, las fachadas se pierden, la sociedad, la cultura la civilización se pierde. Formas parte de la naturaleza, igual que los árboles y que los animales, igual que las estrellas formas parte de la naturaleza. Estás en algo mayor: el cosmos, el Tao. Estas flotando en él, ni siquiera  puedes nadar en el, tú no existes, simplemente estas flotando y eres llevado por la corriente.

               Estos tres elementos te proporcionan el éxtasis, el sexo es solo la situación en la que sucede naturalmente, una vez que conoces y puedes sentir éstos elementos, puedes crearlos independientemente del sexo. Toda meditación es esencialmente la experiencia del sexo sin sexo, pero tienes que pasar por él, debe llegar a ser parte de tu experiencia no solo ideas o conceptos.
               El Tantra no es para el sexo, el Tantra es para trascender, pero sólo puedes trascender por medio de la experiencia, sólo así sucede el brahmacharya. Solo por medio del conocimiento sucede la trascendencia, la ignorancia  no puede ayudarte a alcanzar la trascendencia, sólo te puede ayudar a llegar a la hipocresía.
                                      Vigyam Bhairav Tantra. ( El Libro de los secretos. Osho)



jueves, 26 de enero de 2017

¿Cuándo es momento de convivir en pareja?



El momento de convivir muchas veces llega por casualidad, por comodidad o por necesidad. Ocurre muchas veces, quitándole importancia a la pregunta ¿quieres vivir conmigo? o ¿es hora de vivir juntos?
Por antiguo, cursi o romanticón que parezca éste planteamiento, resulta necesario revisarlo para hacerse cargo de la decisión, que éste acarrea a cada coparticipe de la pareja: la convivencia con todas sus consecuencias.
               Convivir o vivir con, implica una serie de derechos y responsabilidades, que según seas chico o chica, se pondrán de manifiesto como expresión de tu madurez emocional.
               Si bien es cierto que se aprende a cohabitar sobre la marcha, -cuando somos abrazados por el Amor y el respeto que existe entre ambos-, haciendo que la energía femenina y masculina de ambos se balancee y equilibre, juntos y entre sí.  Hay muchos más casos, en los que la baja calidad de Amor, traducida en la inmadurez de dos niños que buscan protección, jugando a ser adultos -aunque tengan cincuenta años- malogra el intento.

               Una convivencia fallida deja una huella de frustración, es un antecedente de fracaso que condiciona al momento de iniciar otra relación, por esto no debería ser tomada a la ligera, librándola a las circunstancias.
               No hacerse responsable de la decisión de convivir, es salvaguardarse de que pueda no resultar. Es falta de compromiso con el proyecto en común, y cuando es así, el proyecto en común suele ser ambiguo o difuso.
              
               Ni siquiera hace falta conocerse mucho para iniciar una convivencia, lo único que es verdaderamente necesario es el acuerdo mutuo de querer hacerlo. Compartir un proyecto en común, algo tan simple como el deseo de vivir en pareja, querer formar una familia, o el anhelo de crecer y desarrollarse juntos.

               Razones como compartir gastos, o la “casualidad” de dormir todos los días juntos,  o que a alguno  de los dos se le termina el contrato de alquiler o se ha quedado sin trabajo, son excusas que devienen en la convivencia sin la responsabilidad de asumir la toma de decisión.

He aquí algunas preguntas que te ayudarán a reflexionar para poder decidir si es tu momento de iniciar una convivencia:
¿Para qué quiero vivir contigo?
¿Qué es lo que quiero hacer junto a ti?
¿Estoy dispuesto o dispuesta a hacer un espacio en mi vida y en mi casa para ti?
¿Soy capaz de asumir la responsabilidad de decir Sí quiero?
¿Qué tengo miedo a perder en la convivencia?
¿Qué es lo que puedo ganar con la convivencia?
“La India”
Una Flamenca hablando de Amor